miércoles, 25 de julio de 2012

Entre palabras no tiene lugar nuestro orgullo, o no lo tenía. Sólo teníamos una guerra en contra de nuestra vida, y siempre se llenaban de paz las ocasiones en las que nos rendimos a la par. Colgabamos el ego en una esquina para hablarnos sin miedo, con los ojos y las manos. Nunca como en aquél momento dijeron los besos tantas verdades como cuando nos desvestíamos de odio, impotencia y rencores por unas horas, desparramados con còlera contra el suelo junto con todo lo demás, a espaldas del qué dirán, y de nuestras mil y una razones para salir corriendo en direcciones opuestas.

Entre palabras le hacíamos un corte de serie al destino, a lo correcto, a lo imposible. E inventamos una nueva dimensión
al margen del renglón. Un tiempo paralelo a lo real, al de las verdades contra las que nunca ganaron, esas con las que nadie puede.

Sólo entre palabras fuimos sinceras. Sólo entre palabras fuimos las mejores, porque fuimos nosotras cuando nadie dejaba ser, cuando nadie sabia ser, cuando ardían de envidia por saber. Escribiles las palabras que nos enseñó el sol, y que piensen lo que piensen, que digan lo que digan. Vos contá lo que quieras, relatales la historia a tu manera, inventá, disfrutá, creá, pero contá, no me importa. No voy a contradecirte.

Porque entre las palabras me bastó con saber que muchas veces amordazaste a tu orgullo y le ataste las muñecas antes que a mí sólo para mirarme y hacerme el amor de cada día.



te.

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